Merece la pena reflexionar sobre esta cuestión, que no es principalmente una cuestión de hábitos, sino que está determinada por la genética canina. Como los perros no tienen clavículas, evolucionaron así para que las extremidades fueran más hábiles para correr y saltar, aumentando así su capacidad de supervivencia. Sin embargo, esto también reduce la flexibilidad de las extremidades anteriores, por lo que los perros son más propensos a morder con la boca a la hora de pelear.
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