Existen dos manifestaciones clínicas del eczema felino, la aguda y la crónica. El eczema agudo se caracteriza por una erupción o pápula roja en la piel, que comienza en la cara, el lomo y el vientre, y se extiende fácilmente hasta formar pequeñas ampollas. Cuando las ampollas se rompen, se erosionan localmente y los síntomas cutáneos se agravan por el picor y la humedad de la zona afectada, lo que hace que los animales estén inquietos y se laman y muerdan la zona afectada. El eczema crónico se caracteriza por una piel engrosada, musgosa y escamosa con el paso del tiempo. Aunque la humedad de la piel se alivia, el picor permanece y puede empeorar.
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