El fármaco utilizado para aplicar la eutanasia a un perro suele ser cloruro potásico, y es necesario anestesiarlo antes de administrarle cualquier otro medicamento. Las técnicas de eutanasia casi nunca están completamente libres de dolor y sufrimiento, pero si se mejoran las condiciones ambientales en las que se lleva a cabo y se adquiere destreza en la técnica es posible reducir el sufrimiento del animal. De la definición se desprende que las técnicas de eutanasia implican dos aspectos: uno es la reducción del dolor y el otro es el alivio del sufrimiento. La reducción del dolor requiere el establecimiento de técnicas de muerte sin dolor, y el alivio del dolor requiere minimizar la percepción del animal (pérdida de conciencia).
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