Los cachorros de labrador suelen estar preparados para comer yemas de huevo cocidas alrededor de los 2 meses de edad, cuando acaban de completar la transición de la comida húmeda a la seca. Las yemas de huevo son muy ricas en lecitina, que favorece el crecimiento y el brillo del pelaje del cachorro, pero es mejor alimentar las yemas después de haberlas machacado para evitar que se obstruya el esófago si se tragan directamente. Además de las yemas de huevo cocidas, también es importante mezclar carne y verduras, y dar a tu perro otros alimentos como pechugas de pollo y verduras, pero asegúrate de que come la cantidad adecuada. También es mejor no dar a su perro más de una yema de huevo a la semana, ya que demasiadas yemas pueden suponer una sobrecarga nutricional y su perro no sólo engordará, sino que se volverá quisquilloso.
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