La empatía es la conciencia y la comprensión de las emociones y los sentimientos de otras personas de forma psicológica. Se refleja principalmente en las áreas de autocontrol emocional, empatía, capacidad de escucha y expresión respetuosa. El dicho de Confucio de hace dos mil años «Haz a los demás lo que quieras que te hagan a ti» se asemeja a la empatía, en el sentido de que la capacidad de comprender el sufrimiento de los demás permite evitar hacerles daño y desarrollar un pensamiento y un comportamiento altruistas. La empatía se nutre y se desarrolla mediante una combinación de factores innatos y adquiridos. Las causas innatas de la empatía Rizzolatti y su equipo han bautizado estas células nerviosas específicas como «neuronas espejo». Por ejemplo, cuando la rodilla de la pequeña A se lesionó y sangró profusamente, al verlo me dolió también la rodilla. Esta es la «neurona espejo» en funcionamiento. Una serie de estudios sobre la empatía y las neuronas espejo descubrieron que si un sujeto obtiene una puntuación alta en una prueba de empatía, sus neuronas espejo están más activas; por el contrario, si el circuito de neuronas espejo no funciona correctamente y obtiene una puntuación baja en una prueba de empatía, puede que no sea capaz de leer las intenciones de los demás, expresar emociones o comportarse de forma prosocial. Influencias posteriores en la empatía Los niños que son entrenados en la inducción persuasiva tienen un desarrollo moral más maduro, que promueve la empatía, la compenetración y la voluntad de cumplir con las exigencias de los padres, mientras que los niños que suelen ser criados con métodos de poder son más propensos a ser inmaduros en su desempeño moral y pueden volverse rebeldes, resistentes e incapaces de cuidar a los demás. El libro La civilización de la empatía, de Jeremy Rikoff, proporciona información sobre el desarrollo de la empatía. Sostiene que la disciplina inductiva es la mejor manera de aprovechar el potencial de la empatía, enseñando a los niños la esencia de la moral humana: la idea de asumir responsabilidades, comprender a los demás, ayudarlos y establecer la equidad. Al intervenir de este modo, en el contexto del amor y la equidad, el niño toma verdadera conciencia de que el sufrimiento de los demás es causado por sus propias acciones, y así desarrolla la culpa y el remordimiento y un sincero deseo de reparar. Este tipo de disciplina inductiva tiene una fórmula similar a la de un guión: el niño se mete en problemas, el padre interviene para inducirlos, luego el niño desarrolla dolor empático y culpa, y finalmente el padre propone una medida reparadora, como una disculpa o un abrazo a la víctima, para que el niño pueda experimentar una sensación de alivio y eliminar la culpa.
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