Como los perros tienen dificultades para digerir los huesos de pollo y la mayoría de ellos son afilados, pueden atascarse fácilmente en la garganta del perro o cortar el esófago o bloquearse en el tracto gastrointestinal, provocando anomalías como vómitos, diarrea y sangre en el perro. También es aconsejable retirar las espinas antes de dar pescado u otros alimentos que contengan espinas.
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