En primer lugar, después del embarazo, no hay que tener un contacto demasiado estrecho con el gato. Hay que prestar especial atención a la puerta de la habitación de la embarazada, que debe estar cerrada, y no permitir que el gato entre corriendo. En segundo lugar, hay que vacunar al gato para evitar muchas enfermedades. También hay que desparasitarlo regularmente para prevenir la infección por toxoplasma. Además, es mejor no poner todo lo que hay en casa con las cosas del gato, y tampoco dejar que el gato se suba al sofá, ya que es muy antihigiénico que una mujer embarazada se suba al sofá de esta manera. También es importante cortar las uñas del gato y bañarlo regularmente. Por último, si una mujer embarazada toca a un gato, debe lavarse las manos rápidamente y, sobre todo, no debe tocar la orina o las heces del gato.
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