La depresión canina se manifiesta como una depresión mental: los perros que padecen depresión son difíciles de excitar, se vuelven tímidos, ensimismados, se estresan con facilidad, están aletargados, se irritan con facilidad, por muy divertidos o atractivos que sean los padres, permanecen apáticos y pierden el interés por la comida y los juguetes que tanto le gustaban al principio. Dieta: La cantidad de agua consumida es mucho menor que antes, el apetito se reduce significativamente, la cantidad de comida ingerida disminuye y se produce una pérdida de peso. Movimiento: Los perros deprimidos son lentos y pueden volverse letárgicos en apariencia.
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