Los residuos de plaguicidas en el suelo son definitivamente dañinos para los gatos y peligrosos si los lamen. Si se trata de un insecticida organofosforado o de permetrina, es muy perjudicial para los gatos y no se recomienda su uso en el entorno donde se alimentan. Los signos clínicos son convulsiones, salivación, rigidez de las extremidades y, en casos graves, puede provocar la muerte.
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