Cuando un gato desarrolla artritis, camina cojeando y, a veces, la extremidad afectada tiene miedo de tocar el suelo, por lo que es necesario llevarlo al hospital para examinarlo. La artritis no es curable en la actualidad, sino que sólo puede controlarse. Los gatos suelen recibir antibióticos y analgésicos para aliviarla, seguidos de medicación para el mantenimiento de las articulaciones y, en casos graves, inyecciones para controlarla o cirugía.
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