En general, la rabia se diagnostica principalmente a través de la historia clínica y los síntomas del paciente. En la actualidad, los análisis de sangre para detectar el virus de la rabia son relativamente raros y su detección sólo suele ser posible en fases avanzadas. Por tanto, el diagnóstico se basa en si el paciente ha sido arañado o mordido por un gato o un perro con rabia y en los síntomas asociados a la aparición de la enfermedad. Por ejemplo, el paciente puede experimentar una sensación de miedo, una sensación de hormigas alrededor de la herida y una grave hidrofobia, como un fuerte espasmo de los músculos de la garganta al oír agua, beber agua o incluso al mencionar el agua, que es un síntoma típico de la rabia. El paciente desarrollará entonces una parálisis retardada y una insuficiencia respiratoria que le causará la muerte.
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