En realidad es posible. A no ser que tu perro esté enfermo, no tienes que ser tan deliberado a la hora de cambiar la temperatura del agua para beber en función del tiempo. Los perros tienen un intestino especial, toleran el hambre más que la saciedad, y a veces, cuando beben agua caliente o comen alimentos muy calientes, tienden a vomitar en su lugar. Esto se debe a que los alimentos a temperaturas anormales pueden irritar fácilmente el intestino del perro y provocar molestias gastrointestinales y diversos problemas. Así pues, los perros también pueden beber agua fría en invierno, pero no hay que darles agua especialmente fría, ya que puede ser muy irritante para sus intestinos y provocarles molestias gastrointestinales.
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