En el antiguo Egipto, los gatos tenían un estatus sagrado e inviolable, al igual que se adoraba a las vacas en la India. Los antiguos egipcios creían que el gato negro era la encarnación de los dioses, el mensajero de los dioses, y que los gatos eran considerados sagrados, y que si alguien hería o mataba a un gato era un pecado igual o incluso mayor que herir o matar a alguien. Gatos como el abisinio, de aspecto esbelto y delgado, crecían libremente en la tierra del antiguo Egipto. Muchos países tienen leyes relativas a la Ley de Protección de los Animales o a la Ley de Prevención de la Crueldad contra los Animales. Allí no sólo los gatos, sino todos los animales están protegidos por la ley. Por ejemplo, en EE.UU., Singapur, Reino Unido, Australia y muchos otros países se toman muy en serio la vida de los animales. En Zimbabue, matar a un perro con un coche es casi lo mismo que matar a una persona.
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