Las cabezas de pollo pueden darse a los perros cocinadas, pero en general no se recomiendan porque son muy pequeñas y afiladas, sobre todo cuando las mastican los perros, y pueden cortar y obstruir fácilmente los intestinos y el esófago, provocando infartos intestinales o peritonitis, etc. En general, cuando se dan huesos a los perros, es mejor elegir huesos más grandes, como los de cerdo y los de abanico. El objetivo principal de dar huesos a los perros es limpiar y afilar sus dientes. Para un suplemento nutricional, es mejor sugerir carnes ricas en proteínas y bajas en grasa, como la pechuga de pollo y la carne de vacuno. Para los perros, los huesos no son muy nutritivos y se utilizan sobre todo para pasar el tiempo, ya que un hueso grande se puede masticar todo el día.
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