El contenido de azúcar de los lichis es extremadamente alto y, si se le da demasiado, puede afectar a la salud bucal del perro y provocar trastornos gastrointestinales que pueden tener un impacto significativo en su salud. Cuando se alimenta a los perros con lichis, los propietarios deben retirar los núcleos para evitar que se los traguen junto con los núcleos. La cáscara y el corazón del lichi pueden extraerse y darse de comer al perro con moderación, pero no en grandes cantidades, ya que pueden provocar incendios y otros fenómenos.
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