Durante el parto, el feto y la placenta se producen juntos, normalmente con varios fetos, y el propietario puede vigilar a la perra durante todo el proceso. Si la placenta de la perra no es expulsada, puede haber un comportamiento continuado de hociqueo, junto con la descarga de la zona púbica. La forma más sencilla de determinar si todavía hay una placenta o un feto en el útero es llevar a la perra al veterinario para que le haga una ecografía abdominal y, en caso afirmativo, darle una contracción para facilitar la expulsión. Si el propietario cree que ha sido expulsada y no presta atención, la placenta retenida puede provocar una enfermedad uterina en la perra y, por tanto, es fácil observar inestabilidad en el estado mental de la perra y malestar físico durante los cuidados posteriores.
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