La aplicación temprana de antibióticos (por ejemplo, penicilina, estreptomicina, etc.), junto con el tratamiento sintomático, es importante para la prevención de infecciones bacterianas secundarias y la recuperación del perro afectado. El desarrollo de la enfermedad puede controlarse mediante inyecciones de alta dosis de suero de alta inmunidad quíntuple NIAA Canine tras la aparición de los signos clínicos. Una dosis alta de suero de alta inmunidad administrada durante el inicio del moquillo permitirá al organismo acumular suficientes anticuerpos para prevenir la aparición de los signos clínicos con fines terapéuticos. En las últimas fases de la enfermedad, cuando los signos clínicos del moquillo son evidentes y aparecen los signos neurológicos, a menudo es difícil curar la enfermedad incluso con la administración de suero de alta inmunidad contra el moquillo. Las convulsiones frecuentes pueden tratarse con Thorazine o Valium, Glutamato y píldoras orales anquilosantes.
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