Los perros que padecen pancreatitis aguda mostrarán diversos grados de letargo, anorexia y vómitos, diarrea, sangre en las heces y, en algunos casos, una «posición de oración» (con los codos y el esternón apoyados en el suelo y los cuartos traseros levantados), o la búsqueda de un lugar fresco para tumbarse con el abdomen cerca del suelo frío, un fenómeno que indica un fuerte dolor abdominal. El diagnóstico suele realizarse mediante el análisis del nivel de amilasa sérica, que puede ser anormalmente alto tras el inicio de la enfermedad y puede superar el doble del valor normal, y mediante una ecografía para comprobar si hay engrosamiento y quistes en el páncreas. El tratamiento es con fármacos anticolinérgicos, que bloquean la secreción pancreática. Antibacterianos y antiinflamatorios: Un agente antibacteriano de amplio espectro o una combinación de antibióticos es más eficaz. Analgesia: La analgesia es muy importante para prevenir la aparición de un shock. Terapia de cebo alimenticio: En los casos de pancreatitis crónica, la terapia de cebo alimentario consiste en aplicar alimentos ricos en proteínas y carbohidratos y bajos en grasas, suministrados de forma regular y cuantitativa cada día.
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