El moquillo puede dividirse en respiratorio, gastrointestinal y neurológico. La mayoría de los síntomas iniciales son principalmente respiratorios, pero también hay tipos gastrointestinales. El tratamiento combina los síntomas clínicos con el tratamiento sintomático activo, principalmente mediante la suplementación de la nutrición, el refuerzo de la inmunidad del organismo, los antiinflamatorios y antiinfecciosos sintomáticos y el uso de agentes biológicos para combatir el virus.
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