Los gatos duermen acurrucando su cuerpo en una bola, de modo que el cuerpo tiene la menor superficie para disipar el calor, lo que ayuda a mantener el calor y es menos probable que se enfríen demasiado. En el curso de la continua evolución, los gatos han ido formando este hábito para adaptarse mejor a su entorno natural. Especialmente en invierno, los gatos prefieren permanecer en una posición acurrucada para que su temperatura corporal pueda subir más fácilmente. A veces los gatos duermen acurrucados, quizá porque desconfían de sus dueños o porque acaban de cambiar a un entorno con el que no están familiarizados. Esta posición es una postura defensiva frente a un entorno desconocido y a los extraños, y el gato se sentirá seguro cuando se encoja en una bola.
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