La tristeza del labrador puede caracterizarse por la hosquedad, la falta de energía para los juguetes y la comida, a veces suspirando y gimiendo, como un niño agredido y llorón. El labrador puede tumbarse tranquilamente en un rincón y no querer interactuar con su dueño. Si el dueño no le permite jugar al aire libre, o rara vez pasa tiempo con él, es aconsejable que pase más tiempo con su perro y lo saque al exterior con regularidad para que haga ejercicio, ya que esto le hará sentirse mejor.
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