Los perros pug no son fáciles de mantener y pueden ser difíciles de entrenar. Suelen tener un apetito mayor de lo normal y son muy propensos a comer en exceso, lo que a menudo provoca indigestión debido a la sobrecarga del estómago. El propio carácter revoltoso del carlino también hace que sea difícil de domesticar por sus dueños. Con un pelaje corto, la epidermis del carlino es muy susceptible a las infecciones bacterianas y requiere una limpieza frecuente para mantenerla sana. Una manipulación inadecuada puede causar daños considerables al carlino y, en casos graves, a la piel. Por lo tanto, los perros pug son más propensos a sufrir enfermedades de la piel que los perros de pelo medio o largo.
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