El entrenamiento de Alaska debe comenzar cuando es joven, cuando aprende más y es más probable que se concentre. Al haber estado con nosotros desde una edad temprana, Alaska estará muy unida incluso sin mucho entrenamiento. Cuando el comportamiento de Alaska no nos satisface, no hay que reprenderle con dureza, sino ignorarle. Alaska es un perro muy pegajoso y no hacerle caso le resultará más difícil que regañarle. Para asegurarnos de que Alaska no nos ataca, hay que poner al perro a cuatro patas, poner la mano en su pecho y enfrentarse a él con una mirada seria. Suele ser en este momento cuando Alaska se muestra obediente, con las orejas hacia atrás, la cola levantada y evitando nuestra mirada.
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