Los signos más evidentes de la indigestión en los perros son los vómitos y la diarrea, que pueden ser graves y persistentes. El primer vómito suele ser comida incompletamente digerida, y los siguientes suelen ser jugos gástricos y bilis, que irán empeorando cada vez. Cuando un perro tiene diarrea, las heces son muy finas, una mezcla de heces y agua, y si la diarrea continúa, las heces se volverán gradualmente acuosas. Si el intestino del perro está dañado, también puede producirse sangre y trozos de tejido gastrointestinal.
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